María Victoria Angulo: “En educación nos enamoramos muy rápido de las palabras, pero nos cuesta mucho llevarlas a la acción”
En la última jornada del Seminario propuesto por la solución integral Ticmas para repensar el futuro de la educación latinoamericana, la ex ministra de Educación de Colombia ofreció su mirada y análisis desde lo colaborativo
La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires en su edición número 50 fue el marco, una vez más, para el Seminario de Innovación Educativa de Ticmas, que llegó a su séptima edición y su tercer día de debates, diálogos y paneles con referentes locales e internacionales.
En un diálogo sincero de urgencias y desafíos, María Victoria Angulo conversó con Patricio Zunini sobre la toma de decisiones, las realidades geográficas y la importancia de repensar la educación desde un enfoque colaborativo.
“Una de las personas referentes de la educación en América Latina”, comenzó la entrevista Zunini para destacar no solo el trabajo de Angulo en Colombia sino también su mirada regional.

— En la inauguración del Seminario de Innovación Educativa de Ticmas hablaste de recuperar el sentido de urgencia. Esa idea me abre varias preguntas. Por un lado, ¿qué significa urgencia cuando los resultados en educación son a largo plazo? Y por otro lado, ¿en qué momento nos acostumbramos a que los problemas se volvieron estructurales y no se pueden corregir?
— Antes de la pandemia, veníamos de un ciclo donde el sistema educativo latinoamericano no tenía grandes movimientos. Resalto, por ejemplo, a Perú que sí tuvo un incremento en sus resultados de aprendizaje, siempre liderando Chile, Uruguay ¿Pero qué pasó en la pandemia? Obviamente, nos reinventamos, nos tocó durísimo como sector, y cuando tú ibas a un foro a hablar con un rector, con un docente, para todos era urgente cambiar. Era urgente cambiar porque había que conectarse con los que estaban en la zona rural, era urgente introducir tecnología. Había un sentido que inspiraba cambios en el sector.
Y para mí, que me tocó ser Ministra toda la pandemia, el año 2022 era un año en el que yo veía que se podían hacer muchas cosas, pero si miras del 22 hacia acá, todo ha venido recayendo. Cada demora te va a implicar una consecuencia en una generación adicional, o sea, entre más rápido cambiemos, más personas se van a ver beneficiadas.
— Hablemos de un sistema educativo que incorpora a los estudiantes y los tiene 12 años, como mínimo y no genera en ellos los saberes que se esperan. Hay algo que en todos los discursos que hemos escuchado en estos días a lo largo del Seminario y es que se habla de, por supuesto, los límites, los problemas y los desafíos que tiene la educación, pero esas imágenes, ¿nos han vuelto discurso cómodo?
— Creo que Latinoamérica ya pasó por descubrir mayor cobertura, por hablar de la irrupción de tecnología. América Latina tiene muchos diagnósticos, pero tú miras las competencias de egreso, y ahí tenemos muchísimos retos.
Con respecto al discurso cómodo, esta mañana tenía la oportunidad de hablar con otros Ministros de la región, y lo que les contaba, y quienes ayer escucharon al representante de Brasil, veían que la falta de recursos no puede ser una excusa, que hay muchas formas de conectar mejor, de hacer una gestión mucho más dedicada a los docentes, a los directivos, y creo que viendo la experiencia de Sobral y de muchas escuelas en América Latina, movemos corazones, movemos convicciones, y pasan cosas en la escuela, pero tiene que haber coordinación.
— ¿Nos enamoramos demasiado pronto de la innovación? Antes de hablar de los saberes básicos, fuimos muy rápido a la innovación, y te lo pregunto en el marco de un Seminario que tiene la palabra innovación en su título
— En educación nos enamoramos muy rápido de las palabras, pero nos cuesta mucho llevarlas a la acción. Innovación per se, siempre es bienvenida, pero se nos queda en el discurso. Hay que cambiar procesos, documentarlos, cambiar las formas de relacionar al sector, innovar; no es sencillo. Ahora que por ejemplo se habla de inteligencia artificial, de portafolios, de scrolling, de distintas prácticas; es importante profundizar en lo que estas prácticas inciden y tomar un camino, pero eso exige trabajo, deliberación, análisis, por eso no nos enamoremos tanto de la palabra, sino que pasemos a la acción.
— Para tu presentación tomaste varios índices que se generan a partir de observatorios en toda América Latina. Uno de los índices es el 40 y pico por ciento, digo y pico porque en toda América Latina ronda entre el 40 y el 48% de los chicos que no comprenden lo que leen. Además de eso tenemos bajas tasas de terminalidad en el secundario, en la Argentina es el 16 por ciento, en Colombia creo que estamos alrededor del 11, dependiendo el año. ¿Cómo se trabaja con esos datos que no siempre llevan a la acción? Porque decís, nos enamoramos de las palabras que nos llevan a la acción, pero también los observatorios generan datos y eso tampoco mueve a la acción
— Lo que yo considero más valioso para una gestión en educación es el uso de los datos. Hoy a diferencia de hace 10 años cuando nos hace preguntábamos cómo se hacía para integrar sistemas de información y era todo un desafío pensar en una trayectoria; hoy es con analítica, con IA que podemos tener un diagnóstico de cada territorio, de cada escuela, de cada chico.
El reto es usar la IA para entender qué ruta proponerle, que sea atractiva, y me dirán, que es muy difícil con la precariedad, con la falta de recursos en América Latina pensar en rutas individuales, pero no es imposible. En Colombia tenemos varias experiencias, más que sólo de país, de territorio- en lenguaje argentino de provincias- como Barranquilla, donde tienen 11 centros donde los jóvenes eligen a dónde ir, cuál va a ser su énfasis en la media, en qué quieren profesionalizarse, y eso es válido, y eso es hacer innovación, y eso es darles respuestas.Es costoso y requiere alianzas, por supuesto.
— La educación en muchos tiempos, en muchos lugares, ha sido un espacio de acuerdo. Argentina tiene, por ejemplo, el Consejo Federal de Educación, en donde los ministros de todas las provincias buscan generar acuerdos. ¿En Colombia se da una situación así? ¿Se trata de generar acuerdos interestatales?
— Como tal, no tenemos un consejo, pero yo creo siempre que la vía de generar acuerdos es una vía positiva, sana. Creo que los sindicatos tienen una labor muy importante, porque representan la voz de los maestros, pero sin dejar de tener en el centro el desarrollo de los niños. Cuando esta discusión olvida a los niños, hay que irse a hablar con todos los maestros, los de la base, ellos están enamorados de lo que hacen, tienen otras versiones. Entonces digo diálogo sí, pero siempre en el centro los niños. ¿Que haya que mejorar las condiciones? Por supuesto. Pero no dejemos politizar el diálogo que nos ha hecho mucho, mucho daño.
— Seguí mucho tiempo tu trabajo como ministra durante la pandemia ¿En qué momento sentiste que ese cierre de las escuelas ya era una decisión política y no sanitaria?
—- Respondí 3.000 demandas de sindicatos y docentes y las ganamos. Eso tuvo un desgaste, pero teníamos los argumentos claros. Había vacunación, se habían generado los espacios, y los primeros eran los chicos. Y había algo tan paradójico, y es que pretendían que el COVID fuera una enfermedad laboral. Entonces, imagínate tratar de argumentar que eso no era una enfermedad laboral, que todos teníamos que seguir los protocolos sanitarios, y que los niños eran lo primero. Y aunque me digan que un niño aprende lo mismo solo en casa que en un espacio con otros, nunca va a ser igual. Y por eso era importante volver, y volvimos. Y lo pudimos hacer, pero el desgaste y el impacto en los niños fue importante.
— La implementación de la gratuidad en la educación superior de Colombia, en especial para los sectores de más bajos recursos ¿Cómo cambió el esquema de la educación esa medida?
— Bueno, poniendo también otro tema en el discurso actual, se ha hecho carrera que ciertas medidas de educación son progresistas o no son progresistas, o son de derecha o no son de derecha. Y mira la paradoja, Colombia anhelaba la gratuidad como la tiene Argentina en educación superior pública, por años. Y adivina qué gobierno fue el que la llevó a cabo: un gobierno de centro-derecha.
¿A qué voy? Quitémosle ese sello ideológico, que valga la técnica y las promesas ciertas. Hoy, con un gobierno progresista, la gratuidad que tienen los estudiantes en Colombia la hicimos realidad nosotros.
—- También hay un tema muy cierto de la educación que a veces no se contempla, que es en un país como Argentina, donde el 16% de los estudiantes tienen la tasa de terminalidad, aún cuando la educación sea pública y gratuita, no todo el mundo llega a la educación superior. Entonces, ¿cómo se acompaña el tramo de los estudiantes de bajos recursos para llegar a la terminalidad y luego a la facultad?
— Has tocado un tema muy importante porque inicialmente se cree que solo con financiar educación superior todos los jóvenes van a llegar. Los jóvenes no solo necesitan una matrícula gratuita, necesitan apoyo económico para poder llegar, necesitan orientación vocacional, necesitan ser seducidos para que el mundo del trabajo lo puedan combinar con el mundo educativo.
Y ahora, en lo que estoy trabajando particularmente, es que necesitan universidades mucho más flexibles, contemporáneas, que ofrezcan propuestas que le digan a un joven, yo le hago su trayectoria, usted puede estar un año, puede salir a trabajar, puede volver, eso no es fácil, pero creo que hoy es el gran desafío de las universidades en América Latina.
— Es un paso muy importante considerar a la escuela como un lugar que te forme en oficios, por ejemplo, pero ¿cómo se hace para que la educación secundaria no se convierta en una oficina de empleabilidad?
— Ese es el desafío más grande de los próximos 5 y 10 años. Latinoamérica está hablando de reformar la prepa, la media, y hay dos corrientes, una que nos da un enfoque netamente laboral, de habilitación laboral, y otra que da un enfoque más aspiracional, de realizaciones, de competencias emocionales, artísticas, culturales. Para mí, lo que debe ser es una mixtura de las dos, ya que te da fondo y te da forma.
Te da fondo porque toca la mística y la vocación del alumno, y te da forma porque te da vías para generar ingresos, para ayudar a tu familia y para seguir. Obvio, hacer eso conlleva decisión del gobierno, de la escuela, de las universidades, y del mercado laboral.
— ¿Cómo se articula en ese caso con el mercado?
— En los países de América Latina, hay varios que tienen leyes del primer empleo, con el objetivo de contratar jóvenes que aún no se han graduado. Todo ese tipo de medidas hay que tenerlas activadas, porque tú no le puedes decir, sal al mundo del trabajo, si el mundo le va a pedir dos años de experiencia, tres, cuatro, por ahí una. Por otra parte, los empresarios dicen que la educación superior no forma para lo que ellos necesitan.
Y viene el desafío de ajustar los currículums a lo que ellos están necesitando. Pero por otro lado, viene el colegio que se siente también un poco, que irrumpa en el tema, y que necesita que sea trabajado curricularmente. Ahí tú tienes que alinear todos esos actores. Y la familia, para volverla a enamorar de que si su hijo sigue estudiando, puede tener más y mejores oportunidades, no de hoy, sino a largo plazo.
— ¿Cuál es el reclamo que te parece más justo de los docentes? Y no quiero quedarme solamente con el tema económico
— Desde cuando tuve la oportunidad de sentarme con los sindicatos, no en el gobierno nacional, sino en el gobierno provincial, para mí era clave que temas como las pensiones, la salud de los maestros, todas las reivindicaciones de ley a las que tienen derecho en el papel, pero que en la práctica pueden tener problemas de operación, eso era un tema.
Otro tema fue hablar con el sindicato de los directivos docentes. En Colombia hay sindicato de maestros y el sindicato de directivos docentes. Fue muy interesante ver cómo los directivos docentes me pedían intercambios con otros países. Hicimos un intercambio con Santiago de Chile, por ejemplo, otro intercambio con quienes me exigían mayor rigor técnico para abordar la jornada extendida, o con quienes me preguntaban cómo mejorar el programa de alimentación; es decir, hay muchos temas que si uno es el gerente que llega a la oficina y nunca se contacta con la realidad, le van a parecer obviedades, pero que si uno sí le importa a la gente, oye al directivo y oye al docente, y se da cuenta que la práctica es la mejor forma de mejorar. Teníamos una reunión cada mes con 382 directivos. Era la reunión más estresante para mi equipo de trabajo, pero pasó de ser la más estresante a ser la más gratificante, y te cuento, los primeros meses eran sólo reclamos, problemas en infraestructura, problemas en alimentación, y las siguientes reuniones, después de hablar, solucionar, eran sobre liderazgo, eran sobre modificaciones curriculares, y para mí ha sido el espacio en el que más he aprendido del sector.
— Hubo muchas decisiones en tu trabajo, me imagino que como ministra debés haber tomado una decisión cada cuatro minutos ¿Cuáles son aquellas decisiones que defendés hoy en día, incluso las que te han criticado más?
— Te diría tres decisiones. La primera, sentarme con un movimiento estudiantil durante tres meses, sus días y sus noches. Y dirán, ¿tres meses todos los días? Yo no les podía prometer plata que no había, ni podía prometer recursos que no iba a cumplir. Logramos llegar a un acuerdo económico viable, con metas, lo firmamos, y tengo la satisfacción moral que lo cumplimos todo. De esa decisión no me arrepiento, fue muy dura, no había una semana donde no me llamara el presidente, el ministro de gobierno, porque estaba todo el país movilizado alrededor de un paro estudiantil. Pero nunca me arrepiento de no ceder principios y de haber tomado el tiempo para llegar a acuerdos razonables.
La segunda, volver a la presencialidad en pandemia. Fue muy discutido, y eran dos tipos de personas. Las personas, de pronto, de mayor nivel social, en algún momento querían que los estudiantes volvieran muy rápido, tenían razón. Las personas de menor nivel social y los maestros que estaban atemorizados por el COVID, por la vacuna. Y también implicó cómo mantenerte firme con un tema incluso que pasó por lo personal. Yo no soy mamá, entonces todos los ataques eran referidos a cómo una mujer toma decisión sobre los millones de niños en Colombia que ni siquiera es madre. Y no me arrepiento porque era una urgencia volver y lo hicimos cuidadosamente. Y finalmente, te diría que la última fue la gratuidad en educación superior. Fue compleja, había que hacer la ley, había que conseguir la plata, y había que hacer algo que no era muy popular, y era que fueran priorizados los estratos socioeconómicos más bajos. Y no me arrepiento, hoy está abierta a todos los estratos socioeconómicos. Así que, difíciles, criticadas, pero a conciencia.
—- ¿Qué hubo en la gestión que te haya hecho impaciente?
—- La pandemia ha sido la prueba más fuerte para mucha gente, y para mí de mi vida. Ser ministro de Educación toda una pandemia es de difícil comparación, y creo que eso me enseñó mayor resiliencia, y me generó estrés, angustia. Y tal vez la responsabilidad que luego aflora en la salud, de que la cara reflejara tranquilidad, de que la voz fuera pausada, y por dentro estaba todo a mil, porque yo te podía plantear la plataforma, las guías, pero otra cosas era que funcionara.
Fue una prueba a los miedos, al temor; hablaba en el espacio pasado de la presentación que un poco de vértigo me quedó, y ese vértigo, para los que analizan más que solo la parte física, sino la parte emocional, es miedo a que te muevan la base. Creo que fue un tiempo bien movido, que dejó secuelas, y dejó temores, y angustias, e impactos sobre todo por no poder mostrar ni desahogar, sino mantener aquello de la ecuanimidad.
— Voy a tomar métricas que son de la Argentina, pero que se pueden replicar en América Latina, más o menos con un porcentaje de variación mínimo del 3, 4%. En Argentina, hoy tenemos una altísima tasa de pobreza, y entre los chicos que viven en la clase social más baja uno de cada dos no termina el secundario. Después tenemos estos datos del 46% de los chicos de tercer grado que no comprenden lo que leen, también podemos llevarlo a matemáticas. Pero estamos ante una situación compleja en la educación. ¿Qué le dirías a un adolescente que no siente que la escuela le da sentido a su vida?
— Le diría que nos dé una oportunidad. Que le dé una oportunidad al sistema. En este sistema existen maestros maravillosos, existen escenarios deportivos, lúdicos. Tenemos un reto grande, pero ¿por qué les digo que nos den la oportunidad? Porque uno no solo sale a buscar un trabajo, uno quiere ser un mejor ser humano. Y la educación tiene gente, tiene equipos, tiene valores. El educador te acompaña, el educador te entiende en la tristeza y en la alegría. Y eso no es solo un boleto al mercado laboral. Hay muchas cosas que tenemos que mejorar. Evidentemente un adolescente de hoy es mucho más crítico que lo que pudimos ser nosotros en su momento. Pero para eso estamos.
Y lo que decía ayer uno de los panelistas del Seminario; no estar pegados a estos teléfonos, querer volver a mirar, querer volver a abrazar. No es retórica ni es un tema de autoayuda. Es necesidad humana de sentir y de ser mejor persona. Y eso lo da la escuela. Y muchos maestros trabajan todos los días por ello. Dennos una oportunidad a todos los que estamos, no importa si es público, privado, o universidades. Les digo a todas las universidades, a las que ahora voy que dicen que es la época más difícil, más retadora; digo que a mí personalmente me emocionan las épocas retadoras porque es la que lo ponen a uno a salir del estado de confort, a ser más allá de lo que el ego le dice a uno y a trabajar con otros. En educación los próximos años, quien no colabore, no va a lograr los objetivos.
Fuente: Infobae / Mariana Kozodij

