El enojo de Milei por una interna que cruzó los límites y dejó al descubierto el desorden en la gestión
Pese a los esfuerzos estériles del Presidente por sostener el equilibrio entre las tribus, en Casa Rosada cuestionan la exhibición del tema y detectan un desgaste en los mecanismos de contención
El próximo lunes, después de participar del Te Deum por el 25 de Mayo y entonar el Himno Nacional en el Cabildo, el equipo completo de Gobierno se reunirá en el Salón Eva Perón de Casa Rosada bajo la coordinación del presidente Javier Milei. Pese a que fue el primero en salir a poner paños fríos y minimizar la secuencia, el mandatario no esconde su malestar, compartido por varios miembros del Gabinete, por la exhibición de una discusión que -consideran- debió darse puertas adentro.
“No estuvo bien lo que pasó. No se debió haber hecho público y no nos puede volver a pasar. Javier está enojado”, expresó a Infobae una persona del riñón íntimo del Presidente que está al tanto de su estado de ánimo. Si bien la interna que atraviesa a la plana central del poder es un secreto a voces, en la administración libertaria hubiesen preferido dirimir las diferencias sin el actual nivel de exposición.
Durante el feriado patrio, los protagonistas de los últimos conflictos que marcaron a la Casa Rosada deberán volver a confluir en la ovalada mesa del Salón Eva Perón. “No va a pasar nada”, anticipó uno de los asistentes. “Es un triunfo categóricos de los ‘gordos no pasa nada’”, ironizaron desde uno de los campamentos. “Somos especialistas en fingir demencia”, coincidieron desde el otro.
Con el llamado, Milei obligará al asesor presidencial, Santiago Caputo, y al titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, a volver a verse las caras post estallido del conflicto en redes, pero también a la senadora Patricia Bullrich, quien anticipó la presentación de su declaración jurada, y al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, al que presiona para que explique su situación patrimonial.
Sin embargo, el desangre tuitero del fin de semana parece haber configurado una especie de límite transversal y los propios integrantes de la administración libertaria reclaman la definición de un rumbo que unifique el camino para el tan ansiado relanzamiento de la gestión. “Habrá que decidir hacia dónde vamos. Esto no puede volver a pasar. Aunque esto queda solo en redes sociales, a ninguno le gusta que pase”, se sinceró ante este medio un integrante de la mesa política.
“El Presidente va a tener que bajar línea porque es muy difícil para los que estamos abajo saber para dónde ir. Cuando lo haga abrá que acatarla sin chistar”, aseveró un funcionario.
Pese a los intentos ensayados por Milei para correr del foco la tensión expuesta en redes sociales -su terreno de prefencia- luego de que el asesor presidencial apuntara contra un colaborador del entorno de Karina Milei, el conflicto parece lejos de cerrarse. La versión de la “prefabricación” del episodio no convenció a la tropa digital, que ante la postura salomónica de Milei, redireccionó los dardos contra el cineasta Santiago Oria, y obligó a Menem a hablar públicamente para intentar dar por terminado el asunto. Lejos estaba de concretar sus deseos.
“Me da igual lo que haya pasado. Si el Presidente plantea algo, sea lo que sea, esa es la verdad. Esa es la línea discursiva y no se lo puede desautorizar”, se expidió con visible malestar una voz del ecosistema violeta.
Varios activistas virtuales parecen no estar de acuerdo y desmienten que Milei haya cuestionado la exposición del conflicto. Más de uno, incluso, está convencido de que Martín Menem contradijo la versión presidencial al volver a hablar del error de un colaborador que fue utilizado por “algún pícaro”. “Creo que Javier (Milei) buscó salir del laberinto por arriba, pero algunos buscaron venderle una mentira. No digo que lo haya creído. Hoy Martín (Menem) no habló de ninguna conspiración”, marcó un alfil libertario.
Por su parte, desde el entorno del asesor presidencial defienden su rebeldía tuitera y aseguran que es consecuencia del enojo que le produce la situación. “La triada sagrada de la investigación criminal para identificar al responsable de un crimen es: 1) Motivo (quién se beneficia y quién se perjudica); 2) Medios (quién maneja o dispone del instrumental con el que se cometió el crimen) y 3) Oportunidad (si estuvo en el momento y lugar para ejecutar dicho crimen). Apliquen a discreción“, describió en su cuenta de X.
Más de uno abona a la teoría que sostiene que para la reconstrucción de Roma, las legiones romanas arrasaban con civilizaciones enteras primero.
No es la primera vez que el Presidente se inmola por la causa ante un nuevo foco de conflicto abierto. Hace algunas semanas, interrumpió su visita por Estados Unidos para aclarar -vía telefónica y visiblemente molesto- que los dichos de Bullrich contra Adorni por su situación judicial eran malinterpretados y que su postura solo anticipaba una jugada oficialista.
En aquel entonces, el accionar presidencial había llamado la atención de varios de los propios que aspiran reconfigurar el esquema de contención interna que, según admiten, hoy funciona a la inversa. “Somos todos los de abajo los que tenemos que cuidarlo. No al revés. Eso debe cambiar”, planteó un ministro que aspira a poder blindar a Milei de los conflictos futuros.
El estallido de la interna iba a ocurrir más temprano que tarde, pero sucedió en uno de los momentos más complejos para el Gobierno que, desde hace al menos dos meses, intenta salir de la encerrona de malas noticias marcadas por la escalada del tema y los constantes movimientos en la causa que investiga al jefe de Gabinete por presunto enriquecimiento ilícito.
Con las tribus en pie de guerra, el ministro coordinador pensó que la mejor manera de descomprimir -una de las tareas que asumió desde su época de vocero presidencial- era convocarlos a su oficina para intentar saldar las diferencias. Al parecer, Milei pareció llegar a la misma conclusión y convocó al Gabinete un día antes. El encuentro funcionará como termómetro para medir cuánto escaló el malestar entre los principales protagonistas de la interna libertaria.
Mientras el Presidente redobla gestos para sostener el equilibrio entre las tribus en pugna, en el oficialismo crece la sensación de que el mecanismo de contención que -hasta entonces- evitó la ruptura del espacio empieza a dar señales de agotamiento. El reunionismo no resolverá las diferencias, pero podría dejar en evidencia la magnitud de una disputa que ya nadie se esfuerza demasiado por ocultar.
Fuente: Infobae / Sofia Rojas

