Mendoza

Las contradicciones de un gobernador fuera de foco

Por séptima vez el gobernador Alfredo Cornejo encabezó el acto de apertura de Sesiones Ordinarias en la Legislatura de Mendoza. Llamó al sector privado a pensar juntos el desarrollo de Mendoza, pero criticó a los que cuestionan los logros de su gestión.

Conformó un frente electoral con un gobierno nacional que pretende reducir al mínimo la participación del Estado, pero en su discurso Alfredo Cornejo destaca que en Mendoza «se sostienen y se amplían las capacidades estatales». Por un lado llama «construir una visión compartida entre el sector público y el privado, entre el sistema educativo, el entramado productivo y el territorio», pero por el otro ataca a los que se atreven a poner en duda los éxitos de su gestión. En la apertura de las Sesiones Ordinarias se pudo escuchar a un Alfredo Cornejo obstinado en seguir hablando de lo mal que estaba la provincia en 2015 para eludir dar explicaciones sobre las dificultades que atraviesa hoy la provincia de Mendoza.

«Sé que hoy tenemos un Estado más útil e inteligente que el que tomamos y esa es la única recompensa real que cuenta cuando uno elige dedicar la mayor parte vida al servicio público», afirmó el gobernador en lo que sería una buena definición para un discurso del año 2019. Pero la realidad es que estamos en mayo del 2026 y Cambia Mendoza lleva 11 años de gestión. 

Es verdad que la casa está más ordenada, pero esconder la basura debajo de la alfombra no hace que desaparezca. El año pasado el gobernador destacó que PRC (Potasio Río Colorado) iba a tener operativa su planta piloto y no ocurrió. La apuesta de reactivar esa mina fracasó. La reacción del gobierno fue no hablar del tema. «Para construir un futuro que mejore oportunidades y salarios, lo que viene es continuar armando un modelo de minería moderna, con reglas claras, información pública y control ambiental», aseguró. ¿Y PRC? De eso no dijo nada.

El 1 de Mayo se vio a un gobernador incapaz de asimilar críticas. «En los últimos años, hay quienes han insinuado con insistencia que Mendoza habría quedado rezagada respecto del promedio nacional. Es una mirada que, cuanto menos, debe ser contrastada con datos, porque en un contexto de inestabilidad macroeconómica, inflación alta y bajo crecimiento, el diagnóstico no puede basarse sólo en percepciones, sino en evidencia completa», sostuvo.

Pero en ese punto es donde aparece la mayor contradicción del mandatario que ahora parece conformarse con que la provincia de Mendoza se sostenga a mitad de tabla. «Esa evidencia muestra con claridad que, al comparar los principales indicadores económicos y sociales -producto bruto, empleo, desempleo, tasa de actividad, pobreza e indigencia-, Mendoza se ubica dentro de la media nacional: en algunos casos, levemente por encima; en otros, levemente por debajo», remarcó. Al parecer debemos conformarnos con ver a la provincia de Mendoza en la era de la mediocridad.

Un gobernador que hace oídos sordos a la carta que 25 cámaras productivas le enviaron con una radiografía de la crisis que atraviesan las Pymes de la provincia y cuya reacción es convocar a una reunión al puñado de asociaciones que no firmaron la misiva.

Irónicamente, ese mismo mandatario en la Asamblea Legislativa propone «construir una visión compartida entre el sector público y el privado, entre el sistema educativo, el entramado productivo y el territorio». «Porque el desarrollo no surge de la simple suma de actividades, sino de la capacidad de articularlas con inteligencia, constancia y objetivos de largo plazo», sostiene un jefe del Ejecutivo al que los cuestionamientos le generan indigestión.

«La visión que hoy propongo trasciende un turno de gobierno y también los calendarios electorales. Nuestra confianza en el futuro nace de las fortalezas reales que existen en cada rincón de la provincia. No se trata de que el Estado elija ganadores. Se trata de que toda la provincia -sus empresas, sus productores, sus universidades, sus trabajadores y sus emprendedores- pueda ser simultáneamente protagonista de una nueva etapa de crecimiento», adhiere en otro fragmento de su discurso pero luego alerta a los mendocinos de que Cambia Mendoza es el único espacio que puede lograrlo.

«La ciudadanía tiene que estar atenta porque romper siempre es más fácil que construir. Por eso la continuidad es clave para que el Estado siga poniendo su mirada en lo que verdaderamente importa», remarcó metiendo el calendario electoral en la mesa de discusión y volviendo a quedar encerrado en sus propias contradicciones.

La distancia entre el estadista y el autoritario es difusa y pueden confundirse. Cuando Alfredo Cornejo se pone por delante de las instituciones expone su verdadera esencia y le da la razón a todos los que en los últimos años han venido criticando su avance sobre colegios profesionales y órganos de control.

«Ustedes saben que nunca me ha temblado el pulso para avanzar en los cambios estructurales indispensables. Lo hice en educación, enfrentando cierta incomprensión e, incluso, cierta irracionalidad sindical; en salud, partiendo literalmente del abandono; en justicia, con cambios que parecían imposibles en un servicio herrumbrado por el tiempo; en seguridad, construyendo un nuevo paradigma a favor de los decentes y sin conceder un solo indulto en una década; y lo hice poniendo todo para ampliar la matriz productiva, porque de otro modo no habría esperanza», aseveró Alfredo Cornejo.

«Sé que por eso he pagado los costos que había que pagar y, posiblemente más», agregó con arrogancia el jefe del Ejecutivo sin darse cuenta de que el costo de ese personalismo y concentración de poder en realidad es mucho más elevado y será difícil de recuperar. El caudillo avasalló la institucionalidad que con orgullo siempre presumió Mendoza.

Fuente: El Medio / Mariano Bustos

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