Por qué la motosierra ya no alcanza para cumplir con las metas del FMI
El superávit de mayo encendió alertas entre los economistas por el freno en la recaudación. Advierten que el Gobierno nacional completó menos de la mitad del objetivo anual comprometido y que el esquema fiscal ahora exige reactivar la economía o aumentar impuestos.
El ancla fiscal que sostiene el programa económico de la administración de Javier Milei comenzó a mostrar sus primeros síntomas de desgaste estructural. A pesar de haber encadenado otro mes de saldo positivo en las cuentas públicas, los datos de mayo revelaron que la fuerte caída de la recaudación tributaria empezó a erosionar el excedente financiero. Ante este escenario, diversas consultoras y economistas advierten que la estrategia de sostener el superávit basándose exclusivamente en el recorte del gasto público —la denominada «motosierra«— está llegando a su límite operacional, abriendo un complejo interrogante sobre la capacidad del país para cumplir con las exigentes metas pautadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
De acuerdo con los datos oficiales procesados por el Palacio de Hacienda, el Sector Público Nacional registró en mayo un superávit primario de 1,92 billones de pesos. Si bien el acumulado de los primeros cinco meses del año se posicionó en los 6,98 billones de pesos (aproximadamente el 0,7% del PBI), la cifra representa apenas el 43% de la meta anual de 16,26 billones de pesos acordada con el organismo multilateral de crédito. Un informe elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) subraya la gravedad de la tendencia: en el ejercicio anterior, a esta misma altura del año, el Ejecutivo ya había asegurado el 58,6% del superávit anual. Bajo la dinámica actual, las proyecciones privadas anticipan un bache fiscal de unos 4,25 billones de pesos por debajo de lo exigido por el FMI para el cierre del año.
El principal factor de preocupación radica en el comportamiento de los ingresos públicos. Al aislar el salto excepcional y estacional que registró el impuesto a las Ganancias debido al cierre del ejercicio contable de las empresas, los recursos totales del Estado experimentaron una contracción real del 4,1% interanual en mayo, hilvanando su décima caída consecutiva. Sebastián Menescaldi, director asociado de la consultora Eco Go, explicó que el margen para profundizar la poda del gasto es cada vez más estrecho, y que sostener el equilibrio fiscal dependerá de manera directa de un rebote en la actividad económica general que logre recomponer la base imponible. En el quinto mes del año, de hecho, el gasto primario se redujo un 2,2% real, un ritmo de ajuste inferior a la merma de los ingresos corrientes.

Frente a esta encrucijada, los especialistas anticipan que la fase del ajuste «a destajo» dará paso a un esquema de recortes mucho más selectivo y de alta sensibilidad política en el umbral de un año electoral. Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS, señaló que las únicas partidas donde todavía persiste un margen técnico de reducción nominal se concentran en áreas críticas: los subsidios al transporte y la energía, el empleo público y las transferencias discrecionales a las provincias. Sin embargo, avanzar sobre estos rubros amenaza con profundizar el conflicto distributivo y golpear sectores que muestran una reactivación parcial, como la industria. Ante ello, analistas como Andrés Asiain, titular del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO), sugieren que la verdadera contraofensiva oficial que se negocia con el FMI apuntará a una reforma tributaria diseñada para apuntalar los ingresos mediante un incremento de la presión fiscal sobre los sectores de ingresos medios y bajos.
Fuente: El Medio

