EditorialOpinión

A César lo que es de César

Javier Milei exige lealtad como si fuera meritorio de ella y no un personaje rodeado de advenedizos incorporados por sobarle el lomo.

Milei traicionó en forma continua y sistemática a todos aquellos que le dieron sustento político, pero por sobre todo conocimiento y la posibilidad de rehacer lo mal hecho por la casta que él tanto critica y de la que hoy día es parte y gestor primario.

Don Javier y su hermana, absolutos desconocedores de los quehaceres de palacio, se han rodeado de inútiles, tránsfugas, y en más de un caso, de fracasados en gestiones anteriores, y muchos personajes de dudosa moral y antiguos hacedores del desastre que él venía a corregir y erradicar.

Nada puede salir bien si cómo Milei decía: «Nada cambiará con los mismos de siempre». Y los mismos de siempre, son los que desbordan todos los estamentos del Estado en la gestión de un presidente que valora más la obsecuencia que el buen hacer.

Nunca sabremos si Marra, Mondino, Villarruel y tantos otros que fueron separados o vilipendiados por el presidente, hubieran sido “la salvación” o al menos decentes gestores de una buena administración. Pero si sabemos que, aunque inventen estadísticas rentadas por parte del Ejecutivo, aunque tuerzan el INDEC, y esto le dé un margen de «ganadores» ante una eventual elección, el pueblo ya no los mira como posibles hacedores del cambio, sino como otros más de los muchos que fueron gestores de nuestro devenir caótico y espantoso presente.

Esa nueva casta de los mismos de siempre, suma a los nuevos hambrientos de la cosa pública, esto nos da como resultado un Jefe de gabinete sospechado de todo y sin respuestas conclusivas para que el tema decante y desaparezca; pero que permanece por la obstinación de un par de hermanos que no sólo lo apañan sino que quizás sean parte interesada en algún que otro esquema de dudosa cata. No nos olvidamos que “La Jefa”, personaje indiscutible según su hermano presidencial, maneja los hilos políticos sin analizar otra cosa en los cercanos que: su nivel de “sobado de lomo” y “reconocimiento en ella como nueva emperatriz de un imperio que ya cae por el peso de su propia ineptitud”. No es lo mismo hacer bien un “lemon pie” que manejar el arco político de un país complejo como el nuestro, en el cual, gracias a ellos, todo lo que se iba a desarmar, sigue siendo parte de la “cosa nostra” pública. No vamos a hacer más que la mención de ANDIS o LIBRA para demostrar que «los hermanos» también hacen las suyas, ya sea por desprolijidad o bien por ser parte de algo maculado.

Los hermanos Milei no estaban (ni están) preparados para la responsabilidad que representa ocupar el Ejecutivo nacional de una sociedad que vive en crisis desde la época colonial. Mediocres de toda mediocridad, se rindieron al halago de los eternos “lame botas” de la política y desoyeron toda recomendación que pudiera tener algún tono crítico, aunque entrañara un camino necesario de seguir.

La política argentina estaba tan plagada de «berretismo» que elegimos un outsider que es tan berreta como lo que criticaba y que ahora es más de lo mismo. Exactamente lo mismo: un gobierno con todos los visos del kirchnerismo y visos del menemismo, ambos fracasos y etiquetados como paradigma de la corrupción.

Nuestro país está lleno de gente brillante que podría desempeñar las funciones del Estado con sobrada aptitud. Pero también está carente del patriotismo necesario para hacerlo. Eso nos pone en manos de toda esta turba de inescrupulosos sin conocimiento y temple, ávidos del beneficio personal que el negociado cercano al poder ofrece. Y lamentablemente se combina la brillantez de unos y la estupidez de otros sólo con la intención de poder escalar la montaña del beneficio personal y espurio.

Los hermanos Macana pasarán a la historia como Nerón incendiando Roma, o como Césares modernos eliminados por la misma turba de advenedizos con los que se han rodeado. La eterna «saltapartidos» de Bullrich ya empieza a dar muestras de que «el mejor equipo de gobierno de la historia» no es más que una bolsa de ratas glotonas y preparadas para dar el salto hacia donde sea necesario con tal de seguir en la palestra de una casta que parece ser eterna y que se recicla en si misma.

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