Cartas de LectoresOpinión

Minería de permisos a los amigos de Cornejo

A nadie extraña que el gobierno provincial, imperio de cabotaje que parece ser pertenencia de Don Alfredo Cornejo y adláteres, reparta los permisos mineros a los amigos de SU causa, socios eternos del poder de turno y que desde hace algo más de una década se vienen enriqueciendo con la cada vez menos nutriente teta del Estado Menduco.

Quizás no sea «necesidad» el cambio de la matriz productiva de Mendoza, que es la que hizo grande a la provincia, según dice el gobierno provincial. Es poco creíble que en un mundo que cada vez quiere más alimentos, Mendoza ya esté al límite de producción para satisfacer su propia demanda.

Quizás no sea el único motivo el bajo nivel de competitividad, productivo y por ende de precios, que hunde a diario a la producción local.

Quizás sean otros los factores que han hecho que todo esto suceda y que haya tenido una intención espuria, demostrada desde hace años en la falta de soporte al agro mendocino, desde la carencia de créditos accesibles para desarrollo preventivo o tecnológico, la presión fiscal constante, la fijación de precios de compra que año tras año se alejan de la realidad y que siempre empobrecen al productor y beneficia al intermediario.

Quizás es que la oferta de la coima, el negocio rentable de «nuestros» representantes, sean éstos «líderes» o simple «besa culos» está hoy día en otros negocios: Los hijos de Suárez con sus empresas de servicios de gestión digital que casualmente prestan servicios a la administración pública; en los negocios del hijo de Cornejo que apenas letrado devino en desarrollador y propietario de múltiples empresas que se mueven entre el gobierno y los amigos empresarios del mismo; y en la ya sospechosa desesperación que la minería despierta en la política vernácula como salvadora de nuestra economía provincial, aunque VALE en Malargüe nos haya costado dinero a todos los mendocinos sin ningún beneficio a la fecha.

Quizás ese sea el norte del beneficio personal de nuestros políticos de pacotilla, y sin lugar a dudas, alejados del decoro y la intención de prestar servicio público. Aún recuerdo a Suárez jurando no voltear la Ley 7722 en su campaña a gobernador y presentar el proyecto de derogación de la misma con Ley sustitutiva a días de su asunción.

Y la cosa se intensifica, el RIGI, el SUPER RIGI y la imperiosa necesidad de que entre un mango a las arcas de un Estado agotado financiera y económicamente, porque ésto de las elecciones bianuales (que quieren sacar a toda costa) los expone ante la sociedad antes de que los negocios se puedan haber concretado y necesitan imperiosamente ser reelectos para dar continuidad a su proyecto personal y el de los amigos que mencionábamos anteriormente.

Y volviendo al tema de esos amigos y dando base al título, no cualquiera hace minería en Mendoza, no se tomen la molestia siendo ciudadanos de a pie de generar asociaciones y proyectos para emprender negocios en ese escenario, es al pedo, ya está todo entregado desde el principio. Y si no, recuerden que poco antes de la derogación de la 7722 en Diciembre de 2019, hasta los hermanos Félix y Ernesto Sanz, casualmente registraron empresas para «prestar» y ser parte del negocio minero. Hoy es aún más grotesco, los adjudicatarios vuelven a ser los mismos de siempre, porque los «papeles» quedaron en manos de Fernando Porreta, Joaquín Barbera y otros «amigos de la pauta oficial»; y para ello no dudaron en demoler la Justicia, que ya perdió la venda y la virginidad hace décadas.

Les deseo a todos los mencionados un pueblo culto y desconfiado, que no dude de ser menester, aplicar el ejemplo que nos deja Lope de Vega en su libro FUENTEOVEJUNA.

José Luis Bonomi

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